Sería perfecto asegurar que Halley nace de un milimetrado proceso de disección, pero lo cierto es que nace de un colapso. Son las experiencias y las grandes preguntas del ser humano, aquellas que no cambian desde la antigüedad, las que se debaten y sirven de alimento poético para este proyecto. Preguntas de hondas resonancias que como los cometas giran en órbita y vuelven a aparecer cada cierto tiempo para revolverlo todo.
Halley es una epopeya contemporánea, una carrera desesperada de un grupo que se enfrenta al reto de tener que organizarse antes de que el cometa vuelva a pasar y todo comience de nuevo. Personajes que llevan cargas, que tienen un camino por recorrer y anhelan superar los contratiempos y errores que les separan de la felicidad.
Porque la ilusión no se come, pero alimenta. Quiere ser ese aliento en un momento de angustia, una expresión de la sensibilidad que permita comprender el presente y prever el porvenir.